En AD 164 tenemos 164 razones para ser felices pero la principal es DISFRUTARNOS MÁS EL PROCESO QUE EL RESULTADO, por que si hemos recorrido un camino hermoso el resultado así mismo será. Y este camino será construido por todos los que nos rodean, porque de todos podemos aprender y fortalecer un PARCHE (comunidad) con amor al arte y respeto a los que nos rodean.
Gracias por permitirnos ser parte de sus hogares y Divertirnos de una manera consiente con muchos pretextos.


Manifiesto AD
Nuestras 164 razones
Disfrutar el camino más que la meta.
Entender que una miniatura sin pintar es un lienzo de infinitas posibilidades.
Sentir la textura de cada pieza del rompecabezas
El silencio compartido mientras cada uno está concentrado en su tarea.
Aprender que "equivocarse" de color es descubrir una nueva mezcla.
La emoción de abrir una caja de un juego de mesa nuevo.
El aroma a madera o cartón recién impreso.
La paciencia que se desarrolla al buscar una pieza específica.
Ver cómo un grupo de amigos se convierte en un "Parche" sólido.
La satisfacción de dar la primera pincelada de imprimación.
Entender que el resultado es sólo el recuerdo físico de un buen momento.
Aprender técnicas de otros y compartirlas sin egoísmo.
La risa cuando un plan maestro en un juego sale terriblemente mal.
Ver el progreso de tus habilidades a través de los meses.
El respeto por el tiempo y la dedicación que otro le puso a su obra.
La desconexión total del estrés laboral.
Ejercitar la motricidad fina con cada detalle del pincel.
Descubrir mecánicas de juego que desafían tu lógica.
La alegría de encontrar esa pieza del rompecabezas que parecía perdida.
Saber que, si el camino fue hermoso, el resultado será grandioso por defecto.
Fomentar la creatividad al elegir esquemas de color alternativos.
El valor de una charla profunda mientras se arman los bordes de un puzzle.
Fortalecer los lazos familiares alrededor de una mesa.
Aprender historia o ciencia a través de juegos temáticos.
El orgullo de ver tu estantería llena de historias y colores.
La humildad de pedir consejos a quien sabe más.
La generosidad de enseñar a jugar al que nunca ha visto un dado de 20 caras.
El estado de "flow" donde el mundo exterior desaparece.
Desarrollar la visión espacial encajando formas complejas.
La música de fondo que acompaña una tarde de pintura.
Celebrar los logros de los demás miembros del parche.
La paz que da ordenar las piezas por colores.
Experimentar con luces y sombras.
El suspenso antes de revelar la última carta del mazo.
Sentirse parte de una tradición milenaria de juegos y arte.
La catarsis de terminar una sesión de juego intensa.
Aprender que cada capa delgada de pintura construye algo sólido.
La empatía al ponerse en el lugar de un personaje en un juego de rol.
El orden mental que genera organizar los componentes de un juego.
Hacer del proceso nuestro lugar seguro.
Valorar el arte de los ilustradores de juegos de mesa.
La emoción de las expansiones que alargan la vida del juego.
Descubrir que todos tenemos un artista interno.
La resiliencia al tener que desarmar y volver a empezar.
El brillo en los ojos de un niño aprendiendo a pintar su primera mini.
El intercambio de anécdotas durante una partida larga.
Aprender sobre teoría del color de manera práctica.
La satisfacción de un encaje perfecto entre dos piezas.
El respeto por las reglas como base de la convivencia.
La capacidad de asombro ante miniaturas esculpidas con detalle.
Crear escenarios y mundos desde cero.
La importancia de los pequeños detalles que nadie más ve, pero tú sabes que están ahí.
La diversidad de pensamiento que aporta cada jugador.
La tranquilidad de una tarde de domingo sin pantallas.
El sentido de pertenencia a un grupo con intereses comunes.
La superación de retos cognitivos complejos.
La belleza de una mesa de juego bien desplegada.
El aprendizaje constante de nuevas reglas y mundos.
La complicidad al hacer una jugada en equipo.
Saber que lo importante no es ganar, sino cómo jugamos.
El alivio de ver cómo una mezcla de pintura sale exactamente como querías.
La perseverancia de terminar un puzzle de 2000 piezas.
El valor de lo hecho a mano en un mundo digital.
La inspiración que recibimos de la naturaleza para nuestras bases.
La gratitud hacia quienes diseñan estas experiencias.
El fortalecimiento de la memoria visual.
La risa contagiosa por un resultado inesperado.
La profundidad de los juegos que cuentan historias épicas.
El cuidado y mantenimiento de nuestras herramientas (pinceles, tableros).
La identidad que nos da nuestro estilo personal de pintura.
El diálogo constructivo sobre estrategias.
La sensación de logro al poner la última pieza.
La calidez de un hogar donde se juega y se crea.
El apoyo mutuo cuando una técnica de pintura no sale bien.
La exploración de diferentes texturas y materiales.
La gestión de recursos en juegos de estrategia.
La toma consciente de decisiones en cada turno.
La paciencia de esperar a que la pintura seque.
El asombro por la ingeniería detrás de un inserto de caja.
Entender que cada persona del parche nos enseña algo nuevo.
La capacidad de adaptación ante un rompecabezas difícil.
El uso de la imaginación para rellenar los huecos de la narrativa.
El bienestar emocional de una actividad manual.
La conexión intergeneracional: abuelos y nietos jugando.
El respeto al espacio creativo de los demás.
La emoción de recibir un paquete esperado con nuevos retos.
El estudio de la anatomía a través de las miniaturas.
La planificación a largo plazo en un tablero.
El valor de la honestidad en el juego.
La meditación activa mientras se aplica un wash.
La alegría de regalar algo pintado por ti mismo.
El descubrimiento de nuevos artistas y escultores.
La sensación táctil de los dados de diferentes materiales.
La organización de eventos y torneos amistosos.
El sentimiento de comunidad al asistir a una convención.
La resolución pacífica de conflictos durante el juego.
La admiración por el trabajo de detalle en el cartón.
El aprendizaje de la geografía o mitología en juegos temáticos.
La satisfacción de completar una "colección".
Recordar que estamos aquí para divertirnos de manera consciente.
La belleza del desorden creativo en la mesa.
La optimización de procesos al pintar en serie.
El pensamiento lateral para ganar una partida.
El vínculo afectivo que se crea al compartir el hobby.
La exploración de la luz a través de las veladuras.
La intriga de un juego de deducción social.
La perseverancia ante un rompecabezas monocromático.
La alegría de encontrar un grupo que hable tu mismo "idioma".
El desarrollo de la paciencia ante la derrota.
El refinamiento del gusto estético.
La utilidad de los juegos para mantener la mente ágil.
El placer de ver el degradado perfecto en una capa.
La narrativa emergente: las historias que nacen de la partida.
La curiosidad por probar nuevos sistemas de juego.
El respeto por el medio ambiente al valorar objetos duraderos.
El "¡Eureka!" al entender una regla difícil.
La calidez de las luces de la mesa de trabajo.
El fomento de la atención plena (mindfulness).
La construcción de amistades que duran años.
La convicción de que el arte es un lenguaje de amor.
La satisfacción de ver el antes y el después de una mini.
El intercambio de piezas o juegos dentro del parche.
El análisis post-partida para aprender de los aciertos.
La estimulación de los sentidos.
El equilibrio entre el azar y la habilidad.
La creación de recuerdos imborrables.
La inspiración que surge de ver el trabajo de otros.
La disciplina de terminar lo que se empieza.
El orgullo de decir: "Yo armé esto".
La versatilidad de los juegos modernos.
El efecto relajante de clasificar piezas.
La mejora en la toma de decisiones bajo presión (en juegos).
El valor de la pausa en un mundo acelerado.
La auto-expresión a través del modelismo.
El respeto a los diferentes ritmos de aprendizaje.
La alegría de redescubrir un juego antiguo.
La conexión emocional con los temas de los juegos.
La práctica de la generosidad al prestar materiales.
La observación detallada de la realidad para replicarla en escala.
Saber que nuestro parche es nuestro soporte.
La emoción de una remontada épica.
El aprendizaje de idiomas a través de juegos importados.
La calma que produce ver un rompecabezas avanzar.
La validación mutua dentro de la comunidad.
La experimentación con nuevos medios (óleos, pigmentos).
La gestión del tiempo para dedicarlo al hobby.
El reconocimiento del esfuerzo ajeno.
El desarrollo de la intuición.
La felicidad de compartir una mesa llena de snacks y juegos.
El asombro por la simetría y el diseño.
La construcción de un legado de momentos felices.
El descubrimiento de talentos ocultos.
La práctica de la cortesía en la mesa.
La admiración por el ingenio de los diseñadores de puzzles.
La satisfacción de optimizar tu espacio de trabajo.
El poder de un hobby para sanar el alma.
La risa ante las pifias críticas.
La belleza de la imperfección aceptada.
La alegría de ver a otros disfrutar de tu colección.
El entendimiento de que cada pieza cuenta para el resultado final.
El orgullo de pertenecer a una cultura creativa.
La gratitud por los pretextos que nos unen.
El amor puesto en cada pincelada, cada jugada y cada encaje.
La certeza de que juntos somos mejores que por separado.
